
Estoy perturbada. Es una palabra poco agraciada fonéticamente, rima con masturbada. No es que los conceptos sean malos, suenan feo. No es lo importante. El asunto es que todos los libros hablan de una siempre. Es así, porque básicamente todos hablan de personas, siendo una el lector, tiene que haber un rasgo identificatorio que nos teja como un telar. Todos los libros hablan de mí, ese es el punto. Todos los libros hablan de ti, quienquiera que seas. Nada nuevo, pero este libro me perturba casi hasta la manía y los escalofríos. Soy yo. Seré yo. Sin la pornografía y el piano, claro. Me leo, me reconozco y me asusto. Sólo por hoy el día se ha puesto gris, para que yo piense y escriba que me leo escrita en una vida que es la mía en 15 años más. Y que así actuaría, que quizás así he actuado, actúo ahora. Como en cuento de Cortázar ¿qué me pasa si leo el final? una muerte súbita y trágica sería demasiado magnánimo para esta personajilla oscura y seca, retorcida más que el baldaquino de Bernini, sola y triste por esencia.
Es extraño. La novela es asfixiante hasta el hastío, pero quiero, deseo y necesito seguir leyéndola. Algo me dice que tendré un muy sucio revolcón.
No comments:
Post a Comment